
Ciertamente, en la vida experimentaremos momentos difíciles. Como cualquier ser humano, he visto cómo el panorama, en ocasiones, parece oscurecerse. Pero también he vivido los “de repente” de Dios. ¡Así es Dios! Esas intervenciones divinas, a menudo sutiles, son las que la psicología llamaría evidencia acumulada, pequeños hitos que nos permiten reinterpretar nuestra realidad.
A veces, a través de pequeños detalles, Dios nos deja saber que está atento a nuestra realidad; ese asombro ante Su cuidado es una de las experiencias más hermosas de la fe. Es en esos momentos, donde Su intervención es la única explicación lógica a la resolución de una dificultad, donde se asientan los precedentes para nuestra confianza.
La memoria como herramienta terapéutica
La conciencia de estas experiencias se convierte en una herramienta poderosa contra la ansiedad y la angustia. La ansiedad es una experiencia humana común de la cual nadie está exento. Sin embargo, cuando el temor llega, recordar nuestra historia personal con Dios actúa como un ancla para mantener una perspectiva equilibrada. Recordar Su cuidado se convierte en el punto de inflexión que nos permite visualizar un panorama esperanzador.
En el Salmo 56:3 (RVR1995), David estableció: “En el día que temo, yo en ti confío”. Esta afirmación no niega la realidad ni es un deseo al azar, sino que nace de la evidencia de haber visto a Dios obrar en su pasado. Cada evento, grande o pequeño, cuenta para conocer el carácter y amor inmenso de Dios.
La intersección con la Ciencia Cognitiva
El salmista continúa: Una cosa sé: ¡Dios está de mi lado! Alabo a Dios por lo que ha prometido; sí, alabo al Señor por lo que ha prometido. En Dios confío, ¿por qué habría de tener miedo?…” (NVI). De forma implícita, David revela una verdad fundamental: al desplazar los pensamientos de temor y dolor con la Palabra de Dios, podemos transformar nuestra experiencia emocional.
Esto es plenamente cónsono con la Terapia Cognitiva Conductual (TCC), la cual establece que nuestra forma de pensar determina nuestra respuesta emocional. En la clínica, buscamos identificar patrones de pensamiento disfuncionales que generan malestar para debatirlos y sustituirlos por formas de pensar más equilibradas, realistas y funcionales.
Un pensamiento es funcional cuando nos permite afrontar una situación de manera más equilibrada y centrados en la realidad. Por el contrario, un pensamiento es considerado disfuncional cuando nos conduce a una respuesta emocional dolorosa sin un fundamento real o basado en una distorsión.
David nos regala un ejemplo de afrontamiento saludable: anclar la confianza en Dios y desplazar el temor con argumentos sólidos sobre la fidelidad divina.
Así como un científico
Una experiencia personal con Dios es clave para que se desarrolle esa confianza de la cual nos podemos anclar. No se trata de buscar textos inspiradores en la Biblia y forzarlos en nuestra cabeza ciegamente. Todo cobra mayor sentido cuando le hemos vivido. Así como Job, quien expresó: “De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42.5).
Cuando reconocemos que Dios es poderoso, fiel y amoroso, podemos confiar en Él. Pero ese conocimiento nace de la experiencia, y la experiencia se cultiva al permitir que Dios camine con nosotros. Intimar con Él da claridad a nuestros ojos para identificar Su mano en nuestros asuntos cotidianos. Cultivar nuestra relación con Dios es, en última instancia, lo que nos permite declarar con convicción: “En el día que temo, yo en ti confío”.
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La información compartida en este espacio tiene un propósito exclusivamente educativo y divulgativo, por lo que no sustituye el diagnóstico, la asesoría o el tratamiento psicológico profesional ni constituye una relación terapéutica.
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