
La exposición a eventos traumáticos puede generar síntomas persistentes como hiperactivación, evitación, pensamientos intrusivos y cambios en la percepción de seguridad. El tratamiento se enfoca en estabilización emocional, desarrollo de recursos internos, procesamiento seguro de memorias traumáticas e integración cognitiva. Además del enfoque cognitivo-conductual (CBT), también se integra el modelo EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), una intervención basada en evidencia para el procesamiento adaptativo de memorias traumáticas. EMDR facilita que el sistema nervioso procese experiencias no resueltas mediante estimulación bilateral y protocolos clínicos estructurados, respetando siempre el ritmo del paciente. La combinación de CBT y EMDR permite abordar tanto los síntomas fisiológicos como los cognitivos del trauma, promoviendo una recuperación más completa y restaurando el sentido de control y seguridad.
