
La depresión puede manifestarse como pérdida de interés, fatiga, alteraciones del sueño, sentimientos de inutilidad y dificultades para concentrarse. En el tratamiento se emplean intervenciones basadas en evidencia, como activación conductual, identificación de patrones cognitivos negativos, y fortalecimiento de rutinas que promuevan bienestar emocional y funcionamiento diario. Se trabajan componentes como regulación del estado de ánimo, habilidades para resolver problemas y ajuste de expectativas, siempre desde un marco compasivo y estructurado. La activación progresiva y el análisis funcional suelen producir mejoras notables durante las primeras semanas de terapia.
